DELITOS INFORMÁTICOS: Violencia de Género Digital; Ciberbullyng y Grooming.

En el presente artículo no nos centraremos en el universo de los delitos informáticos en general, sino que trataremos en particular algunas conductas ilícitas, dentro de las cuales podemos encontrar el Groming, Ciberbullyng y la violencia de género digital, en virtud del daño moral y psicológico que estas figuras pudieran ocasionarle a las víctimas, más allá del perjuicio económico que pudiese existir.

 

La tecnológica avanza a pasos agigantados, y el delito va de la mano ofreciendo nuevas modalidades de ilícitos que el derecho no contempla. Pero no debemos cargar todas las tintas únicamente sobre nuestros legisladores, porque actualmente no existe una CONDENA SOCIAL a quienes cometen este tipo de delitos, siendo que no se ha concientizado a toda la sociedad Argentina en que estas conductas no son ni más ni menos que DELITOS, y que como tal, deben ser castigados y reprimidos. Todavía existe un error de concepto ya que creemos que quienes cometen este tipo de delitos no deben ser considerados delincuentes, por lo tanto la sociedad no los segrega ni los desprecia y mucho menos los desvaloriza, por el contrario, son considerados de alta capacidad intelectual y hasta en algunos casos admirados.

 

 

Podríamos ejemplificar con varios casos la forma en que nuestra sociedad se comporta en estos temas; pero un claro ejemplo de esta incomprensible realidad lo encontramos en el caso de la Actriz Florencia Peña, por la publicación y viralización de un video privado, donde nunca se cuestionó fuertemente el accionar de las personas que intencionalmente publicaban los videos y fotos que dañaban su reputación e imagen, sino que el foco de todo cuestionamiento se colocaba en culpar a la víctima, en este caso a Florencia Peña, por haber filmado una situación privada y que pertenecía a su fuero íntimo, acusándola a ella de no tomar conciencia que dicho material podría haber sido interceptado y por consiguiente haberse filtrado y publicado, tratando de establecer que Internet, debe asemejarse a un monstruo acéfalo que no puede ser controlado, sin entender e internalizar que quien publica el video está cometiendo un delito que debe ser reprimido y repudiado.

 

En la mayoría de los casos quienes sufren de acoso virtual mediante la publicación de imágenes y videos íntimos, son las mujeres, esto no quita que exista un porcentaje más pequeño de hombres que son víctimas de este tipo de delitos; Pero dado el contexto social machista en el cual vivimos, las personas que sienten mayor indefensión frente a este tipo de conductas son las mujeres. Si tomamos como ejemplo el caso expuesto precedente, en el cual, la actriz Florencia Peña vio violentada su intimidad siendo víctima de la publicación de un video privado, la sociedad solo recuerda su participación en el film casero, sin haber condenado de la misma forma a quien ese momento era su marido (Mariano Otero - músico) quien también aparecía en el video. Siguiendo esta línea, podría utilizarse como ejemplo el caso del video privado la Actriz Silvina Luna, que viralizo una escena de carácter íntimo, y sobre el cual nunca existió escrutinio público en relación al hombre participante del video, ni siquiera sobre el o las personas que subieron el material a la web, sino que únicamente se condenó socialmente el proceder de la actriz, al inmortalizar un momento intimo mediante una filmación, degradando nuevamente a la víctima y no a su acompañante, y mucho menos al victimario.

 

A este tipo de violencia que sufre la mujer en la web se lo denomina “VIOLENCIA DE GENERO DIGITAL”, ahora bien, ¿por qué darle un género a este tipo de violencia?, la respuesta la encontramos en la situación de desventaja y desprotección legal que sufre la mujer con relación al hombre, siendo que como hemos visto anteriormente, existe una condena social mucho más fuerte sobre la figura femenina que la masculina. ¿A qué se debe esto? netamente a parámetros culturales, en los cuales la desnudez masculina se encuentra mucho más aceptada socialmente, el hombre disfruta su desnudez desde temprana edad,

libre y naturalmente, con él mismo e incluso con sus pares; A diferencia de la mujer, que aún en pleno siglo XXI, sigue manteniendo un tabú y mucha vergüenza al exhibir su propia desnudez. Si examinamos el comportamiento de un grupo de amigos adolecentes y paralelamente un grupo de mujeres de la misma edad, podremos contemplar la diferencia entre un grupo y el otro al tratar sus cuerpos y su desnudez en el contexto social que los rodea, o simplemente, si analizamos como son los vestuarios de hombres y de mujeres en clubes, escuelas o gimnasios, y observamos las duchas en los vestuarios masculinos podremos notar que no tienen paredes, por lo tanto, todos los hombres se observan entre si al ducharse sin ningún tipo de vergüenza, es algo totalmente distinto a lo que ocurre en los vestidores de mujeres, donde las duchas están diseñadas en compartimentos individuales y cerrados con el fin de evitar observar la desnudez de sus congéneres

 

En síntesis, la desnudez de la mujer causa mayor morbo, sufriendo una condena social mucho más brutal al publicar situaciones intimas o sexuales, es algo totalmente distinto a lo que ocurre con la desnudez del hombre, la cual no solo que escapa a toda condena social, sino que hasta en algunas ocasiones puede parecer graciosa.

 

En diciembre 2017 fue presentado por ADC (Asociación por los Derechos Civiles) en conjunto con la fundación presidida por Marina Benítez Demtschenko un documento ante la ONU sobre “VIOLENCIA DE GENERO DIGITAL” el cual refleja la desprotección legal que tiene la mujer frente a hechos de abuso digital, y proporciona datos alarmantes sobre esta temática, determinando que solo 1 de cada 9 casos sobre violencia digital son denunciados en fiscalías o comisarias.

La violencia de género digital tiene como elemento principal, amenazar a la víctima con la publicación (chantajear) o simplemente publicar sin consentimiento de la víctima, imágenes o vídeos privados, en su gran mayoría, de contenido sexual explicito, y subirlos a Internet, sabiendo que ese material quedará eternizando en la nube sin que pueda ser eliminado completamente, con el agravante que dicha publicación por medio de la viralización del contenido a cientos, miles o millones de personas, magnifica exponencialmente el daño causado.

 

El diario Popular publicó una entrevista realizada por Natalia Arenas a Marina Benítez Demtschenko, donde cuenta su desagradable experiencia frente a los delitos informáticos, relato que resulta sumamente enriquecedor para graficar el grave daño que puede ocasionar este tipo de conducta delictiva. Marina Benitez Demtschenko (una joven abogada) se visualizó como víctima de una situación provocada por su ex novio (Sebastian M), con el que mantuvo una relación de 6 años; quien después de una ruptura y por despecho, se dedicó a utilizar perfiles falsos en distintas redes sociales haciéndose pasar por ella, contactando alrededor de 400 hombres, a quienes les envió fotos y vídeos íntimos, incitándolos a encuentros sexuales. La viralización fue tan importante, que dichos vídeos llegaron a la computadora de su vecino y amigo, quien le siguió el juego a la ex pareja de Mariana, con el fin de poder recolectar la prueba suficiente para comenzar a transitar el camino judicial. Marina pudo hacer la denuncia y frenar la viralización; Pero se encontró con un vacío legal importante: la difusión no consentida de imágenes íntimas –una de las formas más comunes de la violencia de género digital- y que no se encuentra penada por la ley.

 

Argentina cuenta únicamente con la ley 26.388 sancionada el 4 de junio de 2008, que incorpora figuras típicas (conductas delictuales) al Código Penal, con el objetivo de legislar en materia de “ciberseguridad y delitos informáticos” estableciendo una pena a las siguientes conductas:

  • La pornografía infantil por Internet u otros medios electrónicos (art. 128, C. Penal);

  • El acceso no autorizado a un sistema o dato informático de acceso restringido (art. 153, bis, C. Penal);

  • La violación de las comunicaciones electrónicas sin la debida autorización, su revelación indebida o la inserción de datos falsos (arts. 155 y 157 bis, C. Penal),

  • El fraude informático (art. 173, C. Penal);

  • El daño o sabotaje informático (arts. 183 y 184, C. Penal)

  • Los delitos contra las comunicaciones (art. 197, C. Penal)

Ahora bien, esta ley es muy importante, pero resulta insuficiente, porque al día de hoy no se han legislado conductas como por ejemplo el “ROBO O USURPACIÓN DE IDENTIDAD”, En Argentina no se considera delito hacerse pasar por otra persona en un blog, usurpando una identidad en una red social ni en cualquier otro medio electrónico, siendo que ésta es una de las actividades ilícitas que ha crecido de forma desmedida en el mundo on-line de los últimos años; o aquellos delitos relacionados con la protección de derechos personalísimos de los usuarios, siendo que en el universo del ciberespacio son muy comunes y generan graves daños a la hora de hablar de violencia de genero digital.

 

Por otro lado, es alarmante el desconocimiento de la mayoría de los argentinos sobre los delitos de GROOMING, CIBERBULLYNG O CIBERACOSO.

 

EL GROOMING: es el delito que se realiza mediante la posibilidad de que personas adultas se relacionen con menores de edad haciéndose pasar por pares mediante la creación de identidades falsas o ficticias, poniendo en riesgo a los niños y a los adolescentes que se conectan a las redes sociales, los chats, los foros de discusión o los juegos en línea. En este caso, el objetivo del delincuente es ganarse la confianza del menor y acosarlo sexualmente. Este delito fue sancionado en 2013 por la ley 26.904 y tipificado en el art. 131 del Código Penal.

Existe la acción de un adulto que acosa sexualmente a un menor (sea niño o niña), por medio de Internet. Siempre es un adulto el que acosa, haciéndose pasar por otro menor (mediante la construcción de un perfil falso), incitando o alentando al menor a enviarle una foto o un vídeo íntimo; A partir de la entrega de esa foto o vídeo comienza un periodo de chantage por parte del adulto al menor, amenazando a la víctima (el menor) con hacer público el material si no accede a entregar nuevas fotos o vídeos, hasta concretar un encuentro personal.

 

EL CIBERBULLYNG O CIBERACOSO: es el acoso y maltrato a la víctima mediante el uso de información electrónica y medios de comunicación tales como correo electrónico, mensajería instantánea, mensajes de texto, blogs, teléfonos móviles, sean falsos o verdaderos, con la intención de acosar, molestar, incomodar, maltratar o difamar, a un individuo o grupo de individuos,

mediante ataques a su persona, rasgos, características personales, sexuales o religiosas, llevando a la víctima a un estado de angustia y hostigamiento, e incluso orillándola a padecer depresión, trastornos de ansiedad, ataques de pánico y un elevado nivel de estrés, pudiendo desembocar en un intento de suicidio. Quien acosa mediante del ciberbullyng, como así también la victima de este delito pueden ser personas mayores o menores indistintamente. Cabe destacar que en las escuelas, universidades y en el ambiente laboral el Ciberbullyng o Ciberacoso es una práctica habitual y que se da mucho en este tipo de ámbitos, siendo los acosadores de la víctima por lo general sus propios compañeros y conocidos.   

 

CONSIDERACIONES FINALES:

En caso que el lector se perciba como víctima de este tipo de ilícitos, o descubra que algún amigo o conocido está transitando una situación de violencia de género digital, gooming o ciberbulling, es muy importante que realice la denuncia, porque de esta forma, ayudará a visibilizar estas nuevas formas de abuso.

Es conveniente que previa o paralelamente a la denuncia (ya sea en la comisaria o preferentemente en una fiscalia) reúna todos los medios de prueba posibles, a fin de poder respaldar la denuncia con la prueba necesaria; para ello será necesario contar con la ayuda de un perito informático o ingeniero en sistemas que actué conjuntamente con un escribano a fin de certificar los hechos. RECUERDE QUE ES MUY FACIL PARA EL DELINCUENTE DESAPARECER Y ELIMINAR TODAS SUS PUBLICACIONES.  

 

Dr. Gabriel E. Fernández

ABOGADOS INTEGRALES

 

 

 

 

 

 

 

 

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